sábado, 21 de noviembre de 2009

El Dominado Cristiano de Teodosio I

Luego de la muerte del emperador Constantino acaecida en el 337, le sucedieron en el poder sus hijos, y tiempo después, luego de varias pugnas entre los sucesores, quedaron al frente del Imperio los militares Valentiniano y Valente. Este último gobernó hasta el año 379, cuando al producirse el desborde del limes de la zona del Danubio por una invasión de visigodos, decidió enfrentarlos en la batalla de Adrianópolis, siendo vencido y muerto en el desarrollo de este combate, suceso que dejó al Imperio Romano mal parado y con gran debilidad.
Ante esta difícil situación, el emperador de Occidente, Graciano, sucesor de Valentiniano I, “(...) nombró a un general experimentado, (...) Teodosio, un español, a la categoría de Augusto, y le encargó la custodia del imperio oriental (...)”
[1]. De esta manera, ascendió al poder imperial Teodosio I, que fue coronado en la ciudad de Sirmium el 19 de enero de 379.
Teodosio trató de reorganizar el ejército luego de la dura derrota de Adrianópolis; mediante una serie de reformas en lo militar, organizó al ejército de Oriente en cinco cuerpos al mando de los jefes de la milicia (magister militum), lo cual generó más gastos por parte del Estado, según la opinión de Zósimo: “(...) además de aumentar las cargas por manutención que pesaba sobre el Estado (...) dio pie a que los soldados quedaran expuestos a la avidez de tan alto número de mandos. (...) elevó también el número de comandantes de caballería, (...) que quedó el doble de lo que había antes, mientras que a los soldados no les llegaba nada de lo que el Estado les asignaba.”[2]
De esta manera, el gobierno de Teodosio tuvo que enfrentar numerosas dificultades. En lo referente a la defensa del Imperio frente a los bárbaros que lo acechaban, utilizó diversas políticas según el pueblo y los intereses que estuvieran aparejados, principalmente contra los persas sasánidas y los godos. Con los primeros decidió firmar un acuerdo de paz, entregándoles la mayor parte de la provincia de Armenia; con los segundos, su relación fue más problemática, ya que al producirse una nueva invasión debido a la constante presión militar que los hunos ejercían sobre ellos, Teodosio decidió enfrentarlos, pero luego de un tiempo prefirió negociar, mediante dos maneras: la creación de una zona determinada para el establecimiento de los visigodos para que no tuvieran que seguir en busca de tierras para su supervivencia, en las cercanías del río Danubio; y el reclutamiento de hombres para reforzar el ejército romano. Esto llevó a la firma de un tratado o foedus en el año 382, el cual establecía a los visigodos en calidad de confederados del Imperio, reconociendo su soberanía y sus leyes particulares, con lo cual se dio una migración pacífica de germanos, que entraron a servir en los limes, en la servidumbre doméstica, como mano de obra rural y hasta ocuparon altos cargos en la administración gubernamental y en la corte. Así, “(...) el nuevo emperador se distinguió por su carácter (...) enérgico, sus méritos y (...) su prudencia (...) gracias a decisiones que manifestaban (...) severidad, generosidad y suavidad (...).”
[3]
Sin embargo, según la visión de Zósimo, el gobierno de Teodosio “(...) daba (...) una impresión de afabilidad a cuantos accedían a él, pero prologó con molicie y desidia su reinado, llevando el desorden a las magistraturas ya existentes (...).”[4] Y así, “tal fue el punto al que la desidia del Emperador (...) llevó todas las cosas (...) que dilapidaba al azar los caudales del Estado entre quienes no lo merecían, (...) con lo que puso en venta los gobiernos provinciales (...). Y podía verse cómo cambistas, usureros y otros que ejercían (...) los más viles oficios, brindaban las insignias de las magistraturas y entregaban las provincias a los que disponían de mayores recursos.”[5]
Además, Teodosio llevó a cabo otras medidas, como la fortificación de las plazas más importantes de Oriente y el cobro intensivo de impuestos, medidas ya implementadas por Valentiniano I y Valente I, lo que, según Zósimo, fue perjudicial para el Imperio: “Siendo ya tamaño el mal que para peor había caído (...), la milicia (...) fue menguando hasta verse reducida a la nada, y las ciudades estaban faltas de recursos, (...), los habitantes (...), extenuados por la (...) ruindad de los gobernadores, arrastraban una infortunada (...) vida entre (...) súplicas a la divinidad para que les deparase un medio de poner fin a sus desgracias.”
[6]
En el aspecto religioso, el Emperador Teodosio “(...) era un cristiano radical, (...) representante de la nueva aristocracia fervorosamente cristiana de las provincias occidentales”[7], y esto representó una notable diferencia con Constantino, quien toleró el cristianismo sin dejar de lado la religión pagana, en cambio, con Teodosio “(...) es (...) posible que ya desde su advenimiento estuviese resuelto a convertir la ortodoxia nicena en religión de Estado, dando así el último y decisivo paso en la construcción del Imperium Christianum”[8]. De esta forma, “Teodosio impulsó decididamente la unidad religiosa del imperio e hizo valer (...) la autoridad del emperador incluso en cuestiones relativas a la fe.”[9]
Para combatir a la herejía arriana, Teodosio tuvo en cuenta los decretos que Graciano había dictado, los cuales pusieron fin a la tolerancia religiosa y prohibieron a los arrianos realizar reuniones en sus iglesias y tener sacerdotes, debido a la propagación que tuvo de la mano de los visigodos convertidos. Así, Teodosio dictó en la ciudad de Tesalónica, en febrero de 381, un edicto religioso que reafirmó las disposiciones llevadas a cabo por Graciano, levantó totalmente la tolerancia y “(...) elevó la profesión de fe nicena (...) a única religión del imperio”[10].
Al año siguiente convocó a un segundo Concilio ecuménico en Constantinopla, el cual confirmó lo estipulado en el Concilio de Nicea sobre la consustancialidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, resolviéndose que todas las iglesias del Imperio fueran dirigidas por obispos católicos. De esta forma, Teodosio estableció una Religión de Estado obligatoria para todos, dejó de ser Pontifex Maximus y tomó para sí la atribución de fijar e imponer el dogma católico, lo que llevó al sometimiento paulatino de la Iglesia hacia el Estado, denominado "Cesaropapismo". Esto llevó a un conflicto entre el Emperador y la Iglesia, ya que la relación entre ambos estuvo marcada por los problemas religiosos existentes tanto en Oriente como en Occidente, y Teodosio debió ceder un poco en sus pretensiones frente al obispo de Milán, San Ambrosio.

El emperador Teodosio y San Ambrosio (1619-1620), de Anton van Dyck

Notas:
[1] Goetz, W. y otros: Historia Universal. T II. Espasa Calpe. Madrid, 1945.
[2] Zósimo: Nueva Historia. Gredos. Madrid. 1992. Pág. 362.
[3] Jordanes, Gética, 27-28, en Santos Yanguas, Narciso: Textos para la historia antigua de Roma. Ediciones Cátedra, Madrid, 1983. Págs. 162-163.
[4] Zósimo: Op. Cit. Pág. 362.
[5] Zósimo: Ibidem. Págs. 363-364.
[6] Zósimo: Ibidem. Pág. 364.
[7] García Moreno, Luis: El Bajo Imperio Romano. Editorial Síntesis, Madrid, 1998. Pág. 113.
[8] García Moreno, Luis: Ibidem, 1998. Pág. 113.
[9] Maier, F.: Las transformaciones del mundo mediterráneo. En Historia Universal S. XXI. S XXI. Madrid, 1972. Pág. 111.
[10] Maier, F.: Ibidem, 1972. Pág. 105.

3 comentarios:

Rubén1992 dijo...

He aparecido aquí aleatoriamente. ME encanta el blog, amo la historia.
Enhorabuena por este blog.

Facuskarex dijo...

Muchas gracias por tu interés en leerme Rubén1992, si quieres proponer alguna temática histórica que quieras conocer en mayor profundidad, eres libre de hacer las sugerencias que quieras, saludos y gracias nuevamente.

Teena in Toronto dijo...

Happy blogoversary :)

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