miércoles, 11 de noviembre de 2009

La rebelión de Juan Santos Atahualpa (1742-1756)

De las variadas rebeliones que se suscitaron en el área Andina, correspondiente al Virreinato de Perú, a lo largo del siglo XVIII, una de las más importantes fue la llevada a cabo por Juan Santos Atahualpa. De este singular personaje se conoce muy poco, y hasta podría decirse que su figura tiene un tinte enigmático.
No se conoce exactamente la fecha de su nacimiento, aunque se estima que habría nacido aproximadamente en el 1710, y por otra parte, según lo expresa Ángel Barral Gómez, “(...) se ha especulado con el probable lugar de nacimiento de Juan Santos haciéndole originario de Cajamarca, Chachapoyas e incluso de la misma ciudad del Cuzco (...)”
[1] ya que existen indicios de que habría vivido una gran parte de su vida en la antigua capital incaica, donde se educó con los miembros de la Compañía de Jesús. Esta influencia jesuita en su formación es determinante, debido a que “(...) sus claros vínculos espirituales no dejarán de estar presentes en todas las acciones protagonizadas por este cabecilla, confiriendo unas claras connotaciones mesiánicas a su empresa.”[2] Además, el hecho de conocer las reglas y los hábitos practicados por los jesuitas ayudaron a formar su ideología y a asegurarle un sostén en cierta forma místico, ya que de esta manera, “el papel mesiánico de Juan Santos Atahuallpa es legitimado tanto por símbolos católicos como andinos.”[3]
Con el correr del tiempo, Juan Santos Atahualpa emprendió supuestos viajes a Angola y a la Península Ibérica, junto a los jesuitas, y tiempo después, apareció en las sierras centrales del Perú en 1742 dando a conocer una buena nueva para aquellos indígenas que estuvieran en contra del régimen colonial español: “Pronto se esparcieron las noticias por todos los rincones del lluvioso y siempre verde bosque tropical (...) y a la llamada de su voz desde todos los lugares a confluir con él en Quisopango, cohesionando con sus predicaciones a las tribus amazónicas frente a las que tomó el nombre del inca quiteño muerto en Cajamarca, Atau Haullpa (...).”[4]
El objeto de su prédica era el restablecimiento del viejo sistema político incaico, y según su programa, al decir de uno de los mayores estudiosos de la denominada “Era de Insurrección Andina (1742-1782)”
[5], Steve Stern, “(…) el nuevo orden liberaría a los indios de sus opresiones y traería prosperidad a los vasallos americanos del Inca. El cataclismo comenzaría en la selva, se extendería a la sierra y culminaría con la coronación del nuevo Inca Rey en la propia Lima.”[6] De esta manera, “(…) Juan Santos Atahuallpa es el líder en el que por primera vez se materializa la vieja idea del retorno del Inca. Frente al desorden reinante por la corrupción y los abusos de los corregidores, proclama la abolición del dominio español y la recuperación de su reino.”[7]
Para comprender con un mayor grado de alcance el impacto de la rebelión de Juan Santos Atahualpa, es necesario vislumbrar y tener en cuenta que este individuo ejercía un liderazgo fundamentado en el mesianismo andino, de una manera similar a como lo hará en su rebelión Túpac Amaru II. Este mesianismo, según Ossio, constituye “(...) un fenómeno impregnado de religiosidad que está latente en los Andes desde antes de la Conquista (...). Las expresiones de este fenómeno (...) son múltiples pero debajo de ellas una estructura andina sigue manteniendo su fuerza (...) sobre una forma mítica de ver el tiempo, el espacio, el orden social (...).”[8] De esta forma, Juan Santos Atahualpa utilizó el mesianismo para imbuir a su rebelión de un componente que él creía que sería fundamental para lograr extender el levantamiento hacia el interior del Virreinato del Perú, es decir, la antigua cosmovisión incaica como pilar principal de su liderazgo y el acatamiento de su nuevo poder, ya que, “(...) el líder, por cuanto tal, tiende siempre a la conservación de las estructuras y valores de integración respecto de su mismo liderazgo (...).”[9] Por esta razón, los estudiosos coinciden en presentar al levantamiento de Juan Santos Atahualpa como un fenómeno distinto al resto de las rebeliones del siglo XVIII.[10]
Para legitimar su actitud mesiánica con la cual fue reconocido descendiente de los antiguos Incas, según él lo sostenía, adoptó, según hemos visto, el nombre del inca Atahualpa con el objeto de restablecer el viejo sistema político incaico mediante la expulsión de todo elemento europeo del continente americano. Así, según la expresión de Ossio, “todos estos atributos que realzan su condición mesiánica son (...) reflejados en su nombre. (...) “Santos” viene de su vinculación con el Espíritu Santo, el de “Atahuallpa” y (…) “Juan”, por su identidad con el último Inca, el de “Apu” por ser “Poderoso” y, finalmente, el de “Guainacapac” [Huayna Cápac], por considerarse hijo de este Inca.”
[11] Además, la misma figura de Juan Santos Atahualpa fue determinante para la consolidación de su liderazgo, equiparándose a los héroes que forjaron el Tawantinsuyu: “Como muchos personajes de la mitología prehispánica, era un enviado divino cubierto con pobres atuendos. Entre sus poderes estaba el hacer temblar la tierra y como los héroes fundadores del imperio, venía de una casa de piedra y era uno de cuatro hermanos.”[12]
Sin embargo, esta rebelión nunca tuvo mucha incidencia en la región andina central, sino que se concentró, principalmente, en la zona selvática, refugio de las huestes de Juan Santos Atahualpa: “La selva central era una región de frontera: (...) ecológica, religiosa, étnica... Allí se encontraban sistemas económicos y culturales diferentes. (...) Era un espacio propicio para albergar a personas desarraigadas (...) que (...) venían de lugares muy diferentes como Huancavelica, Castrovirreyna, pero también de Huamanga, Huanta y más lejos, del Cusco y La Paz.”
[13]
Este líder trató de extender la rebelión hacia el área serrana mediante una serie de excursiones militares, pero no consiguió llevar a cabo su cometido, debido al rápido contraataque que organizaron las autoridades del Virreinato del Perú con medidas como la exención de la mita minera a las localidades de Jauja y Tarma, de importancia central en el control de la sierra, y el reemplazo de los corregidores de dichas localidades por militares que tomaron sus respectivas funciones en sus manos, entre otras. Estas medidas lograron evitar la propagación del levantamiento hacia las demás regiones del Virreinato, a pesar de los esfuerzos que propiciaba Juan Santos Atahualpa en la organización de ataques esporádicos, con frecuencia nocturnos, lo que dificultó en gran manera la posibilidad de ganar adeptos a su causa en las mismas sierras centrales. Por otra parte, según lo sostiene Flores Galindo, “(...) el nombre de Atahualpa no traía recuerdos necesariamente positivos. Juan Santos podía enrolar a personajes desarraigados, indios forasteros, mestizos vagabundos pero no a indios de comunidades, que constituían el grueso de la población de esa zona.”[14]
En este contexto particular, “(...) se va a abrir un paréntesis de unos cinco años (...) a lo largo de los cuales (...) Juan Santos Atau Huallpa será dueño y señor absoluto de la selva, hasta que al final de este período crea llegado su momento y pase abiertamente a la ofensiva en el año 1751 (...).”[15] Empero, esta situación confluyó en un paulatino desvanecimiento de la fuerza originaria de la insurrección, alternándose períodos de combates intensivos y sorpresivos con otros de prolongada inactividad por parte de los grupos enfrentados, hasta la supuesta muerte final de Juan Santos Atahualpa, aproximadamente en 1756, encerrado en su reducto selvático: “(...) para unos murió durante una fiesta envenenado por un cacique enemigo, para otros sería uno de sus hombres quien le heriría gravemente de una pedrada (...) desapareciendo así este capacitado guerrillero rodeado de una aureola misteriosa que hasta hoy envuelve su persona sin haber sido nunca capturado ni vencido por las tropas a las que tan enérgicamente supo oponerse.”[16] Este hecho terminó por acallar el levantamiento.

Ejecución de frailes franciscanos por los indígenas servidores de Juan Santos Atahualpa, el 17 de Septiempre de 1742, luego del episodio conocido como la batalla del río de la Sal (Perené). Mural del Convento de Ocopa.


Notas:
[1] Barral Gómez, Ángel: Rebeliones indígenas en la América Española. Madrid. Editorial MAPFRE, 1992. Pág. 195.
[2] Barral Gómez, Ángel: Ibidem., 1992. Pág. 195.
[3] Ossio, Juan M.: Los indios del Perú. Madrid. Editorial MAPFRE, 1992. Pág. 190.
[4] Barral Gómez, Ángel: Op. Cit., 1992. Pág. 195.
[5] Stern, Steve: Resistencia, rebelión y conciencia campesina en los Andes. Siglos XVIII al XX. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1990. Pág. 51.
[6] Stern, Steve: Ibidem., 1990. Pág. 60-61.
[7] Ossio, Juan M.: Op. Cit., 1992. Pág. 189.
[8] Ossio, Juan M.: Ibidem., 1992. Pág. 181.
[9] Bobbio, Norberto; Matteucci, Incola y Pasquino, Gianfranco: Diccionario de política. México. Siglo XXI, 1983. Pág. 915.
[10] Acerca de la posición de los estudiosos sobre la rebelión de Juan Santos Atahualpa, véase las obras de Scarlett O’Phelan Godoy: Un siglo de rebeliones anticoloniales: Perú y Bolivia 1700-1783., 1988 [1985] y Steve Stern: Resistencia, rebelión y conciencia campesina en los Andes. Siglos XVIII al XX., 1990 [1987].
[11] Ossio, Juan M.: Op. Cit., 1992. Pág. 190.
[12] Flores Galindo, Alberto: Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes. Lima. Horizonte, 1994. Pág. 88.
[13] Flores Galindo, Alberto: Ibidem., 1994. Págs. 86-87.
[14] Flores Galindo, Alberto: Ibidem., 1994. Pág. 92.
[15] Barral Gómez, Ángel: Op. Cit., 1992. Pág. 197.
[16] Barral Gómez, Ángel: Ibidem., 1992. Págs. 198-199.

Fuentes:
Apuntes de clase teórica de Historia de América I - Período Hispánico (Prof. Santiago Rex Bliss), 02/06/09.

3 comentarios:

Bragi dijo...

Una entrada muy bien documentada. Es complicado ver artículos asi en los blogs de historia. Enhorabuena y sigue escribiendo así, se hechan de menos articulos como este en el mundillo blogger

Facuskarex dijo...

Jaja, muchas gracias por el comentario, la verdad que trato de ir mejorando día a día, y yo soy un convencido de que siempre hay temas que merecen algún escrito, en el caso de Juan Santos Atahualpa viene bien, porque no se conoce mucho de él, jaja, agradezco tu interés, y seguiré tu consejo, hasta luego!! :)

RAUL DUEÑAS dijo...

bUENO LE CUENTO QUE ESTABA preparando un sesion para mis alumnos de 3ro. de secubndaria sobre este tema y desde comienzos de año se fue introduciendo el concepto de uso de fichas de investigación para que ellos puedan hacer sus propias redacciones y encontre este articulo muy interesante que me permitirá consolidar lo aprendido e introducier este nuevo tema. Gracias por el aporte

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